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El Show de la Red: Así comenzó El Cacique Diomedes.

En los comienzos de la historia festivalera las compañías productoras de acetatos mostraban gran interés por grabarle a los acordeoneros que se coronaban como reyes vallenatos, caracterizados por su gran solvencia artística, no solo con el acordeón sino también cantando lo que ellos componían.

En esta forma la disquera Codiscos de Medellín se interesó en 1976 por Nafer Durán, el nuevo soberano del tres coronas.

El trajín del festival y una afección en la laringe le dificultaban a Naferito enfrentar este compromiso, comenzando entonces a ensayar su repertorio con la voz del atanquero Pacho Mindiola, un cantante aficionado que en ambientes de parranda impresionaba por su recio timbre y afinación.

Los ensayos avanzaban y cualquier día recibió Nafer la visita de Emilio Oviedo acompañado por un muchacho flacuchento, de aspecto humilde, estrambóticamente engafado, muy locuaz que irradiaba gran simpatía.

Se llamaba Diomedes Diaz y era el autor del paseo “Cariñito de mi Vida” que Oviedo tenía pegado con la voz de Rafael Orozco, y que afanosamente buscaba un acordeonero con quien grabar. Ante la insistencia de Oviedo para que hicieran pareja con el argumento que era la gran revelación del vallenato, Naferito con su inmensa honestidad condicionó alguna posibilidad de grabar con “el engafao”, si su amigo Pacho Mindiola declinaba en el proyecto que tenían.

De manera gallarda y generosa Pacho dejó en plena libertad a Nafer y así orientado por “El Comandante” se fue con su flacuchento para Medellín.

Nafer cantaría cuatro temas y Diomedes ocho, pero la afección del Rey no disminuía y el novel vocalista se despachó todo el repertorio. Con el conjunto de Oviedo, guerrita (caja), Virgilio (Guacharaca), Chide Torres (bajo), Julito Morillo (coro), Adalberto Orozco (cencerro) y Oswaldo Bolaño (conga) y bajo su dirección en cuatro días quedo listo el L.P.

Acordeonero y cantante recibieron cada uno trescientos mil pesos y treinta y seis mil pesos los acompañantes.

El día que concluyeron, emocionado y nervioso Diomedes se dejó caer, él solo, un garrafón de aguardiente y cargado fue llevado a su habitación, repitiendo constantemente: “ya soy un artista”, “ya soy un artista”.

Nafer vivía en El Paso y cuando el disco llegó a Valledupar, ni se percató, el celular aun no repicaba por aquí y no tuvo ningún festejo con su compañero, a quien solo volvió a ver muchos años después.

Este fue el inicio de una grandiosa carrera llena de tropezones y accidentes de todo calibre, pero que hoy muestran a Diomedes Díaz con un halo de grandeza similar a muchos ídolos de la música popular, llegando a representar para el vallenato, lo que para la salsa Héctor Lavoe, para el son cubano Benny More, para el rock Elvis Presley y para la música del Caribe Joe Arroyo.

¡Los genios nacen, no se hacen!

Julio Oñate.

 

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Ubicada en Noticias en Red · octubre 4, 2013 · Comments (0)

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