Política

La lucha de la izquierda por sobrevivir electoralmente en Colombia

Perseguida y estigmatizada por su supuesta coincidencia con la guerrilla comunista, y con profundas divisiones, la izquierda colombiana busca sobrevivir en el mapa electoral de un país gobernado históricamente por la derecha.

Este domingo la dispersa izquierda, minoría en el Congreso bicameral, encarará las elecciones legislativas bajo la doble presión de sumar más votos que en 2010, y de evitar un castigo en las urnas por la criticada gestión de los últimos seis años al frente de la alcaldía de Bogotá, su mayor conquista electoral.

Una reciente reforma legal impuso a los partidos y movimientos recaudar al menos el 3% de los votos válidos para llegar al legislativo y conservar el estatuto político.

Lo que en la práctica, advierten analistas, implica que cada lista de candidatos deberá reunir unos 450.000 votos, una cifra elevada para un país donde el sufragio es voluntario y con altas tasas de abstencionismo. En las pasadas legislativas el mínimo fue de 217.000 votos.

“Hay gente que sueña con la izquierda fuera del parlamento, pero no hay encuestas que lo den por hecho”, señaló a la AFP Iván Cepeda, diputado y candidato por el partido izquierdista Polo Democrático.

Sin embargo, lo que las encuestas sí señalan es que la izquierda cuenta con mínimas opciones de disputar la presidencia en las elecciones de mayo o incluso de convertirse en la principal fuerza de oposición.

El mandatario de centroderecha Juan Manuel Santos, que negocia un acuerdo de paz con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, marxistas) y aspira a la reelección, enfrenta principalmente la oposición de Álvaro Uribe, expresidente de derecha que critica el diálogo con la guerrilla.

Un pasado de adversidades

Pero el desafío electoral es apenas un eslabón más en la cadena de dificultades que arrastra la izquierda colombiana, atizadas, sobre todo, por la actividad de las FARC y el Ejército de Liberación Nacional (ELN, guevarista), que llevan medio siglo combatiendo al Estado colombiano.

“Este conflicto armado ha sido una cantera de recursos para justificar, no la respuesta militar a los movimientos armados, que es lo obvio, sino la represión y estigmatización de corrientes políticas”, señaló el historiador Medófilo Medina, autor de varios textos sobre el tema.

En un comienzo, agrega, la izquierda tuvo problemas para organizarse por la debilidad del movimiento sindicalista, y después perdió espacio por un pacto de los partidos tradicionales para turnarse el poder (1958-1974). Al mismo tiempo, ha enfrentado los estigmas derivados del conflicto.

Más recientemente, se vio afectada por la cuestionada gestión del alcalde de Bogotá, el izquierdista Gustavo Petro, quien incluso lucha para no ser destituido por una polémica reforma al sistema de recolección de basura.

Sin embargo, el pasaje más trágico de esta historia fue el asesinato, entre 1984 y 1994, de 3.000 militantes de la Unión Patriótica, un partido marxista surgido de fallidos acercamientos de paz con las FARC en la década de los ochenta.

La sangrienta campaña involucró a grupos paramilitares de ultraderecha y agentes del Estado.

Diezmada a la fuerza, la UP perdió su estatuto de partido en 2002 por falta de apoyo electoral, pero un fallo restauró su personería jurídica en 2013 al reconocer que enfrentó una campaña de exterminio.

El efecto sobre la protesta

Con esos antecedentes, el diagnóstico es casi unánime: mientras existan FARC y ELN la izquierda estará bajo sospecha.

“Detrás de cada movilización o protesta ciudadana, el gobierno, los medios de comunicación y la gente del común ven -o se imaginan (…)- alguna forma de complicidad con los guerrilleros”, escribió el investigador Hernando Gómez Buendía en su texto “¿Por qué es tan débil la izquierda colombiana?”.

Quizá por eso la izquierda aparece como la potencial beneficiaria del proceso de paz que está en curso con las FARC, sostienen Medina y el historiador Ricardo Sánchez, autor de “Crítica y Alternativa: Las izquierdas en Colombia”.

“Sería una oportunidad histórica, porque podría reagrupar a una cantidad de activistas y militantes dispersos en una propuesta unitaria”, afirmó Sánchez.

Además, agregó, podría influir en un posible cambio en el “antizquierdismo de las Fuerzas Armadas”, lo que según los analistas ha dificultado todavía más la actividad política de los grupos de izquierda.

“Llevo tres años en el Congreso y he recibido numerosas amenazas, y hasta ahora no conozco una investigación que dé resultados” sobre los responsables, dijo Cepeda, hijo de uno de los dirigentes asesinados de la UP.

Así, la izquierda espera seguir en el Congreso para apoyar una solución política con la guerrilla, que a su vez amplíe sus opciones de ser una alternativa real de poder.

Por Héctor Velasco – AFP

 

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Ubicada en Política · marzo 6, 2014 · Comments (1)

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