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La leyenda de las FARC sigue viva en su antiguo bastión – Reportaje, Documento

“Personas dignas” y “defensores del pueblo”: así describen a la guerrilla los habitantes de Sumapaz, refugio histórico de la resistencia campesina sobre los Andes colombianos, donde cincuenta años después de su surgimiento la leyenda de las FARC no ha perdido ni un ápice de su brillo.

Caminos de tierra que serpentean las cimas húmedas y brumosas de la cordillera oriental de los Andes colombianos, a unas tres horas de Bogotá, sirvieron innumerables veces como paso seguro a los guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), perseguidos desde el 27 de mayo de 1964.

“Era uno de los corredores más conocidos, por aquí pasaban miles de guerilleros. Caminaban diez horas en el día. Les hacíamos el favor, uno llegaba a venderles caballos o mulas”, recuerda Guillermo Villalba, un campesino de 64 años abrigado con una ruana.
Otro agricultor, José Alfonso Peñalosa, evoca lo que decían sus abuelos:
“Me contaron que su lucha era muy dura, les tocaba estar pies descalzos y a veces pasaron varios días sin comer. Les tocaba pelear con fusil de pisto y machetes. Los campesinos les daban su alimentación y su estadía. Vivían agradecidos con ellos por la lucha que se daban, por las tierras que les habían logrado dar porque las tierras las tienen por ellos”, refiere.
Peñalosa, que gana el equivalente a doce dólares diarios cultivando papas, conserva la admiración de sus mayores por los guerrilleros comunistas, herederos de los campesinos que desde los años 1930 se rebelaron contra la “voracidad latifundista”, en una época en la que la violencia era la ley.

– Familias farianas –

Al igual que muchas familias farianas, como se llama a los simpatizantes de las FARC, los padres de Rosa Galeón tampoco dudaron en recibir y ayudar a los guerrilleros.

“Mi padre y mi madre estaban tan entusiasmados, molían maíz y les hacían arepas”, evoca esta abuela de 64 años que vive en La Unión, cerca de Sumapaz.

Con los ojos brillantes, asegura que la lucha armada era necesaria ante los maltratos y la pobreza que sufrían los campesinos.
“Mucha gente decía: nos toca defendernos o nos matan a todos. Nunca sufrimos un atropello de las FARC, siempre ellos estuvieron para protegernos. Nosotros le tenemos que agradecer mucho a ese grupo porque fue el que nos despertó, el que nos guió y el que nos defendió”, asegura.
En el cercano poblado de San Juan, Filiberto Baquero, de 48 años, dirige el sindicato agrícola Sintrapaz, muchos de cuyos miembros fueron encarcelados e incluso abatidos por su supuesta complicidad con las FARC.
En la sala de reuniones, adornada con un mural sobre los campesinos guerrilleros y en la que cuelga un retrato del Che Guevara, este hombre bajo de estatura y con maneras pausadas se indigna al denunciar “la doble moral” del Estado.
“Para ellos una bomba que arroja un avión de guerra, que puede ser cinco o diez veces más grande que una bomba que coloca un guerrillero, es un acto legal, eso no es terrorismo. Para ellos un soldado que caiga en combate es un soldado asesinado, pero un guerrillero que caiga en combate es un bandolero dado de baja”, lanza.

– “Gente del pueblo” –

Baquero no duda en honrar al puñado de campesinos que crearon las FARC, guerrilla que llegó a contar con 16.000 combatientes, el doble que su fuerza actual.
“A esos 48 guerrilleros que dieron las raíces a la fundación de las FARC los vemos como personas muy dignas para resistir a todas las ofensivas hasta conformar un movimiento tan poderoso, como gente del pueblo que no encontraron otra alternativa”, afirma.
En los años 1990, los de mayor apogeo de la rebelión, el Ejército instaló una base y varios campamentos en Sumapaz, provocando la salida de la guerrilla de esta zona estratégica del centro del país.
“Se dice que éste pudo ser uno de los territorios más militarizados de Colombia, incluso del mundo, al tener hasta seis militares por habitante”, comenta el líder campesino.
Al cabo de medio siglo de lucha armada, el actual proceso de paz que llevan a cabo gobierno y guerrilla le causa tantas esperanzas como dudas.
Seguro de que las multinacionales desean apoderarse de esta rica reserva natural, Baquero advierte que la lucha armada está quizás lejos aún de terminarse.
“Mientras no haya redistribución de la riqueza, mientras haya pobres, puede que en este momento firmen el acuerdo de paz y la guerrilla entregue las armas, pero van a nacer otros grupos, porque la gente de hambre no se va a dejar morir”, asevera.

Por Philippe ZYGEL – AFP.

 

 

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Ubicada en Noticias en Red · mayo 21, 2014 · Comments (0)

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